Una muchacha muy bella, mayor de edad por cierto, entra en las dependencias de la parroquia y le dice al cura que desea confesarse.
El sacerdote, que la conoce, porque son ambos del mismo barrio, la hace pasar al confesionario y ella le dice:
- Padre, debo confesar un pecado terrible-.
Él, con la voz suave, le contesta:
- Nada hay que el Señor no pueda perdonar-.
- Es que tuve relaciones sexuales con un sacerdote, padre -, le dice ella.
Se hace un silencio y ella continúa:
- Es el sacerdote de la parroqua vecina, la que queda diez cuadras hacia el norte-.
El sacerdote enrojece gesticula con las manos mientras le dice:
- Hija mía, eso está muy mal: tú eres de ESTA parroquia, ¡¡no de ésa!!-.
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